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    2019-06-12

    En cualquier caso, sabemos que esta política admonitoria del Corpus obtuvo resultados abundantes que refrendaron la inserción beneficiosa de altas dosis de tremendismo en una catequesis ya no necesariamente diáfana. Incluso contamos con las huellas de una recepción defectuosa del sacramento que lleva al indio pkd kinase abstenerse voluntariamente de lo que la Iglesia vedaba en la retórica homilética: “Aunque en esto de la Comunión les ha puesto nuestro Señor un temor y concepto muy grande, que aun ofreciéndosela a algunos que parece podrían recebilla, no se atreven y no la piden sino los que están bien instruidos en los misterios de nuestra Fe”. Es Arriaga el testigo, en su Extirpación de idolatrías, de esta consecuencia extrema de las prácticas de predicación que, disparadas más allá de lo que se pedía de ellas, conducen al celoso y extremo cumplimiento de un sustancial recorte, mediante ese definitivo y aceptado “festín sin banquete” en el que los indígenas optan por no participar.
    La historiografía incaica se gesta en el siglo xvi, cuando muchos de los primeros españoles que llegaron a los Andes se convirtieron, deliberadamente o no, en cronistas y comenzaron a plantearse preguntas sobre los pobladores andinos, tanto para conocer mejor la sociedad que conquistaban, como para sentar las bases de la dominación hispana. Como, en rigor, no existen fuentes escritas que daten de la época prehispánica, la investigación sobre el mundo andino hubo de construirse sobre los cimientos de esa documentación indirecta producida por españoles, y también por autores de tradición indígena, durante el periodo colonial. No obstante, al estudiar la información andina presente en esa documentación, hoy se considera imperativo entresacar y leer la oralidad de los antiguos rituales y narrativas, que es lo que realmente da cuenta de los rasgos de las sociedades que la produjeron. Es pues menester hurgar bajo el barniz discursivo que sobre la oralidad aplicó el cronista o escritor, con el propósito de convertir aquella información en texto. En la historia de los incas, el episodio de la guerra contra los chancas es un momento crucial, ya que a partir de él se inicia la transformación y el despliegue de poderío del Tawantinsuyu en los Andes centrales durante el siglo xv. En esta célebre y, para algunos autores mítica guerra, los incas lograron quebrantar el férreo cerco que les imponían sus poderosos vecinos y alterar el equilibrio hasta entonces vigente entre los diferentes grupos para inclinarlo a Recombination-repair su favor. Al igual que los incas, los chancas pugnaban por su expansión territorial; ya se habían extendido hasta Andahuaylas y aspiraban dominar por completo a los quechuas. Así, durante el gobierno de viracocha Inca, los chancas salieron de su territorio en un intento de domeñar a los pueblos vecinos. En el choque de estas dos fuerzas o en este ciclo bélico, los cronistas identifican claramente el instante en que se produce la expansión histórica del Tawantinsuyu de los incas. A este respecto, la crítica histórica actual se decanta por dos posibilidades: la mayoría de los investigadores (que la asume como un hecho) trata de determinar cuál de las viejas crónicas contiene la versión más confiable de dicha guerra; en tanto que otros argumentan que se trata de un evento mítico, sin asidero alguno en la realidad. Existe, además, una postura intermedia, que considera que el acontecimiento material, irremisiblemente perdido, fue recubierto por el mito, en una serie de pasajes de escritura en cuyo núcleo yace una verdad histórica. Así, la presencia de lo mítico en realidad devela una verdad, allí donde hipotéticamente intentaría encubrirla. Estudios recientes permiten hacer algunos ajustes y correcciones a esta difundida versión. Por ejemplo, el antropólogo holandés Tom Zuidema ha empezado por llamar la atención sobre el hecho de que hay al menos tres significados distintos para lo que hasta hoy se ha tenido por el gentilicio “chanca”. Por su parte, Luis Ramos Gómez ha mostrado pruebas de que, en la región en estudio, la presencia de grupos identificables con los chancas es mínima, y también ha aportado elementos —hasta ahora no estudiados— presentes de diversas formas en el arte cuzqueño de los kero y en danzas contemporáneas, que permiten identificar a los chancas con pobladores amazónicos. Asimismo, Luis Millones indicó que no existen evidencias arqueológicas de esta guerra, sin embargo, retoma la propuesta de Brian Bauer para indicar que este episodio heroico pertenece al género de las “sagas legendarias”, formato que ha estado presente en la creación de los imperios. Así, Millones explica el relato de esta guerra como la manifestación del recuerdo mítico de la sociedad Huari, la cual despertaba encontradas opiniones en los grupos cuzqueños.