Archives

  • 2018-07
  • 2018-10
  • 2018-11
  • 2019-04
  • 2019-05
  • 2019-06
  • Desde mediados de la d cada de los sesenta

    2019-06-12

    Desde mediados de la década de los sesenta, la embajada argentina pedía informes sobre las actividades políticas en general y sobre las consideradas subversivas en Guatemala. A juicio de la embajada, en 1978 no se podía analizar la “ola de violencia” en Guatemala sin incluirla en el contexto de lo que ocurría en Nicaragua y El Salvador, ya que dichos países vivían “procesos semejantes derivados de una acción subversiva intensa”. Esta “centroamericanización de la lucha revolucionaria”, que se había producido por efecto de la “reacción en cadena”, se tornó realmente peligrosa después del triunfo sandinista. Debió ocurrir dicho triunfo y la masacre en la embajada de España, para que el embajador argentino comenzara histamine receptors enviar cables día por día durante el año 1980, informando a la cancillería sobre los asesinatos, desapariciones, atentados relacionados con asuntos políticos, así como la salida a la luz pública de cualquier organización considerada tanto de extrema derecha como de izquierda. Se trataba de un seguimiento minucioso de la vida política guatemalteca. A partir de entonces, ambos gobiernos participarían de una misma comunidad ideológica. Los sucesos en la embajada de España motivaron al canciller guatemalteco, Castillo Valdés, solicitar a la embajada argentina que se hiciera cargo de los intereses de Guatemala en España ante el posible rompimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Dicha solicitud se basó en la “similitud ideológica” entre los gobiernos de Guatemala y Argentina y la “identidad de problemas” que ambos tenían. Lo único que motivó el rechazo de este pedido por parte del gobierno argentino fue la pesada mirada de Estados Unidos, de los países socialdemócratas europeos y de los países del llamado Pacto Andino (Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia) sobre la situación de los derechos humanos en Argentina, la cual “sería o podría ser juzgada como apoyando a un estado que ha violado elementales normas de derecho internacional y podría alentar [la] campaña internacional con Argentina”. Esa mirada había iniciado apenas instalada la administración demócrata de Carter. En febrero de 1977, el secretario de Estado anunció la reducción de la ayuda militar a reproductive system Argentina, debido a violaciones a los derechos humanos practicadas por el gobierno de Videla. La Junta Militar argentina consideró la decisión como una intromisión en los asuntos internos y rechazó la totalidad de la ayuda crediticia norteamericana. Incidió también, aunque más tarde, en la repercusión negativa que tuvo la presencia en Buenos Aires de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (cIdh). El tema de los derechos humanos sería un aspecto que unía a Argentina y Guatemala contra la política estadounidense. Inmediatamente después de los sucesos en la embajada de España, el gobierno de Estados Unidos cambió su embajador en el país y contrajo la ayuda en materia de seguridad nacional a Guatemala. Por su parte, el gobierno guatemalteco rechazó la presencia estadounidense en Guatemala. Los militares argentinos, junto a otros latinoamericanos, sentían que las naciones de Occidente no captaban la dimensión de la ofensiva mundial emprendida por el comunismo internacional. Por eso, este “extremo occidente” declaraba la “Tercera Guerra Mundial”. El 17 de julio de 1980 militares bolivianos ligados al narcotráfico, en connivencia con la dictadura militar argentina, realizaron el golpe de Estado en Bolivia, que evitó la asunción a la presidencia de Siles Suazo e inició un nuevo periodo de dictadura institucional de las fuerzas armadas bajo el liderazgo de Luis García Meza. Argentina junto con Brasil, al oponerse a las disposiciones de la Casa Blanca y del Pacto Andino, no sólo no condenaron el golpe de Estado ante la oea, sino que reconocieron el régimen de Meza inmediatamente. Meza, por su parte, abandonaría el Pacto Andino para unirse al Cono Sur. Él mismo había manifestado que coincidía “con su colega de Argentina, Jorge R. Videla, sobre la formación de un bloque de países con similar ideología”, refiriéndose a la “posibilidad de una alianza con la Argentina, Chile, Uruguay y Brasil todos los cuales tienen gobiernos anticomunistas igual que Bolivia”.